domingo, 7 de junio de 2015

Relatos/ El olor de las Guayabas

"Guayabero" 61 x 38 cm Óleo sobre lino
 Alejandro Rodríguez Fajardo (1969)
Las Palmas Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


   Cerraba los ojos tan solo para evocar instantes. Habían olores que se expandían en su memoria, olores lejanos, olores llenos de colores y texturas. Recordó aquella noche anterior al viaje, todos en casa preparaban las maletas, toda la familia se trasladaría al oriente del país. Ya tenían varios meses sin ver a su padre, quien trabajaba en una empresa petrolera que estaba a cargo de la construcción de la " Planta Jose", un gran complejo petroquímico.

   Era el primer viaje largo y quizá el único que haría  junto a sus hermanos y su madre. Un taxi los llevó hasta la parada, allí abordaron un viejo autobús. Era de los más grandes que existían en el pueblo.

   Pasaron toda la noche en carretera. Apenas el autobús hizo dos paradas, el resto del viaje todos dormían excepto ella, que por suerte iba del lado de la ventanilla y podía ver las luces de los pueblos por donde pasaban, era toda una aventura para su corta edad.

   Una vez que llegaron al terminal de oriente, los esperaba un vehículo oficial de la compañía petrolera. El viaje continuaría por unas horas más.

   Iba semi dormida, la curiosidad y la expectativa hacían de las suyas.  De pronto escuchó la voz ronca y escandalosa de su padre, acompañada por un olor que aunque familiar era peculiarmente intenso, no se podía ver nada la oscuridad era absoluta. Se dejaban escuchar minúsculos sonidos de jejenes y chicharras.

   Se encontraban en la entrada de una casa y su padre abría el portón para que pudiera entrar el carro. Había otra persona  junto a su padre, era una anciana que llevaba una pañoleta en la cabeza. Su padre los abrazo, tomó en sus brazos a su hermanita pequeña, mientras la anciana agarraba de la manos a su hermano mayor y a ella. Pasaron por un porche y luego por un largo e interminable pasillo donde se encontraban las habitaciones, sin siquiera prender las luces los acostaron en unas camas literas, a ella que siempre  fue temerosa de las alturas la acostaron en la parte de arriba. Hacía un poco de calor y  el cuarto era húmedo. Le costaba dormir en aquel lugar extraño, sentía que pequeños animalitos le picaban, y un intenso olor a guayabas le invadía el alma y la curiosidad. Dejó de pelear con el sueño y se quedó profundamente dormida.

   Cuando despertó llovía a cantaros. Aunque  percibía una variada mezcla de olores, se dejó guiar por el aroma  a café. Aquella era una casona vieja, con muebles de madera rústica, pisos de losa roja, pasillos y vericuetos. La cocina quedaba en la parte trasera de la casa, era  grande con un mesón rectangular de madera donde podían sentarse  unas veinte personas.

   Asomada por uno de los grandes  ventanales que daban al patio estaba su madre. 

- Son apenas las  6 de la mañana, qué haces despierta, sigue durmiendo junto a tus hermanos, -
le dijo.

- No pude dormir bien, he tenido pesadillas, soñé que estaba en la copa de una mata de guayaba, que era altísima, resbalé y caí en el piso, pero no me lastimé porque me frenó un colchón de guayabas podridas, las guayabas eran rojas y habían toneladas escachapadas en el suelo. -
   Su mamá se echó una carcajada y le dijo - ven aquí y asomate,- la llevó a la puerta que daba de la cocina al patio. Hasta donde alcanzaba su vista había matas de guayaba, pensó que deberian de haber más de  cien y era plena temporada, en su mayoría estaban muy maduras, eran rojas y enormes. 

   Aquella casa no tenía un patio corriente, eran por lo menos dos hectáreas de terreno, donde a parte de las guayabas, habían árboles de uva playera, mandarinas, cocoteros, mamón y ciruela de huesito. No imaginaba un mejor lugar en el mundo para jugar, echar a andar su imaginación y sobre todo para guardarlo e algún rinconcito de su memoria.

   Desde entonces, sólo le bastaba percibir el dulce olor de las guayabas, para estremecerse y rememorar aquel breve episodio de su infancia.


Amanda Reverón
Relatos -2015
@amandareveron
Grupo en facebook: La Casa que soy/ poesía y narrativa

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