martes, 2 de junio de 2015

CORTESÍA DE LETRADOS DEL MUNDO/ RETABLO ARAGUEÑO (Por el escritor Manuel Cabesa)



Letrados del Mundo
Retablo Aragueño
Por Manuel Cabesa

Amanda Reverón
1)
En De otros diluvios se siente el aire de una búsqueda de la expresión exacta, se siente una decantación del lenguaje. De nuevo el amor y sus complicaciones ocupan las imágenes principales de cada texto; y sin embargo, es un renacimiento del amor y sus metáforas:

Amar esta certeza de tu proximidad
esa que de pausa en pausa
me despoja sin tregua
de las excusas que he ido coleccionando.

En estos poemas llegan con la brillantez del sol matutino después de una noche de lluvia después de una noche de lluvia, se abren camino por un bosque de sensaciones y sentimientos, hacen que el lector viva en carne propia lo inefable de los deseos:

Que la tempestad de este vientre
te convoque no es novedad
en este espacio nocturno
(torrencial de tus manos
y de tu húmeda lengua)
complacencia lúdica
de este cuerpo
que perennemente está ávido
de esa parte blanda de tu ser
que al tacto es acero templado
corroyéndose entre mis piernas

Sé que entre “despedidas”, “naufragios”, “nostalgias” y “conjuros” estos poemas dejarán abierto para el regocijo de la palabra, para la felicidad del lector.

2)

“El barco es el mundo hacia la eternidad”, esta frase inquietante de Katherine Anne Porter resume la posibilidad de entrar en el reciente poemario de Amanda Reverón, Rumor de barcos. Hay aquí la madurez de una poeta que ha buscado su propio lenguaje y quizás lo encontró en la nostalgia de un mundo no vivido. Desde la orilla la voz que nos habla rememora una historia de naufragios que más que en el mar suceden en nuestra estática realidad, en la nostalgia de lo desconocido:

Sentada en la orilla
en plena tempestad
donde el río y el mar se unen
escombros de un viejo barco
-extraña sensación
de no volver sobre mis pasos-

R. H. Moreno Duran escribe: “¿Cómo sustraerse a la inmensa fascinación que produce contemplar el rojo velamen de una fragata que navega con el misterio a bordo? Porque de todos estos barcos que deambulan sin destino lo que en realidad cautiva es el horror, un horror de rango metafísico superior en todo al mero espanto sensorial, apoyado en el miedo o en el asombro. (…) El barco que deambula sin rumbo ni sentido es la metáfora de esa otra parte que navega en pos de la noche del alma, en pos de una identidad y un rostro, en pos de lo que es y no comprende, en pos de su fantasma.”
Pero desde lejos sentimos la presencia del mar la lejanía de barco que se retira portando su propio misterio, y como los náufragos de Verne sólo el horizonte es nuestro punto de referencia:

Mi casa en la playa
no tiene paredes
y aun así
cuelgo de ellas
fotos de viejas embarcaciones
máscaras de antiguas tribus
retablos de una virgen negra
amuletos, atrapasueños
y un rosario
hecho de conchas de caracoles
mi casa en el mar
no tiene ventanas
y aun así
me asomo por ellas

Valery hablaba del mar “siempre recomenzando”, Mutis nos cuenta las hazañas de Maqrol navegante de mares inhóspitos, Amanda nos recrea la nostalgia de aquel en el puerto se queda añorando algún amor en la lejanía siempre infinita. Siempre imposible:

En la ventana
de esta vieja embarcación
sólo cuelga
mi ropa
tu sonrisa
hace
mucho tiempo
que se marchó / de tanta lluvia

A nuestra playa llega un rumor de barcos que en sí tienen historias que compartir, como los barcos de Melville o Conrad, pero de esas vidas solo nos llega un leve murmullo cercano a la poesía, que finalmente se apaga en la orilla:

Barcos vienen / barcos van
pero no todos
hacen el mismo ruido
y no todos se quedan
encallados en la memoria

3)

En su monumental estudio La poética del espacio, Gastón Bachelard nos dice: “La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre o ilusiones de estabilidad. Reimaginamos sin cesar nuestra realidad: distinguir todas esas imágenes sería decir el alma de la casa; sería desarrollar una verdadera psicología de la casa.”

Quizás sea la casa el tema más privilegiado de la poesía venezolana. Su figura se hace sentir en voces tan diversas que sin temor podríamos hablar de toda una tradición sobre la cual haría falta un estudio amplio y minucioso para llegar a calibrar la magnitud de su presencia dentro de nuestras letras.

Siguiendo esta tradición que intenta reinventar la magia del lugar primigenio, Amanda Reverón nos entrega La casa que soy:

esta casa
es casi perfecta
se parece a mí
a mis afectos
solo le falta
un patio donde se pueda convivir con las hormigas…

Esta casa adonde Amanda Reverón nos invita está conformada por distintas estancias poéticas. En ella la autora se reencuentra consigo misma en un viaje de autoconocimiento y aceptación, vive intensamente sus momentos de soledad, alberga la posibilidad del amor y del desencuentro, hospeda los recuerdos de la infancia y es también el rincón donde su hija juega:

mi casa
es la casa
donde crece Daniela
ha guardado un espacio para su árbol
sus libros
amigos imaginarios…

Comarca del recuerdo, espacio de la querencia, mundo perdido y por siempre anhelado, lugar que convoca nacimientos y muertes; la casa es nombrada infinitamente en estas páginas desde el amor y la nostalgia:

una ventana
es siempre un milagro
decir ventana
es decir poesía
mirar hacia la luz
hacia la noche…

La casa que es Amanda Reverón está hecha de palabras / de acentos / de sílabas / monólogos / sus habitaciones / recitan / declaman la vida. Es una estructura hecha de voces hundidas en su simiente, levantándose pared a pared edificando una poética de la intimidad. Alojando al lector en la generosidad de esta morada construida con la alfarería de la dicción más sencilla y por ello mismo más humana:

esta casa cuenta historias
carece de olvidos
retiene olores
sabores e incongruencias
la textura de sus bordes
son metafóricas
sus orillas son sensibles a la poesía.

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