lunes, 29 de junio de 2015

Antología poética/ Fe

FOTOGRAFÍA:LUIS DUARTE/Artista Venezolano 1966
Fotógrafo y Licenciado en Letras (UCV)
@luisduartefotos/ luisduartefotos.blogspot.com 


Nací con las manos abiertas al cielo. 
Mientras crecía, mi prójimo se mudó de ciudad
y conjuró mi silencio; así que te nombro
con mi voz de arcilla
y con mi Fe 
solísima
asomándose desde el umbral.



Amanda Reverón
Antología poética-2015
@amandareveron
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sábado, 27 de junio de 2015

Antología poética/ La soga

FOTOGRAFÍA: LUIS DUARTE/Artista Venezolano 1966
Fotógrafo y Licenciado en Letras (UCV)
@luisduartefotos/ luisduartefotos.blogspot.com 


La soga 
no alcanza/no halla su sitio.
Hacia alguna parte se desliza.
Con impaciencia se zafa,
no se aquieta y se estremece
mientras se acostumbra
al sinfín de sí misma.



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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viernes, 26 de junio de 2015

Antología poética/ Tejado arriba...

FOTOGRAFÍA: LUIS DUARTE/Artista Venezolano - Caracas 1966
Fotógrafo y Licenciado en Letras (UCV)
@luisduartefotos/ luisduartefotos.blogspot.com 


Tejado arriba se escondía mi niñez. Quieta, viendo pasar mariposas; con un rencor incierto, sin nombres, ni rostros. A veces, me sujetaba de un libro o simplemente descifraba nubes y adivinaba tormentas.

Hay tiempos que no recuerdo. Un vacío de voces, que nunca más pude atrapar. Días rendidos bajo el sol; con un caparazón de tortuga y un muelle infinito que se alejaba o se acercaba, según mi caminar.

Sino fuese por los tejados, mi alma sería de búho. Habría perdido mi sombra y no encontrarías un poco de mí, en la orfandad de tus ojos.



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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jueves, 25 de junio de 2015

Antología poética/ Memoria común

De la serie "Detalles" Casa de Amador Durán/El Consejo - Edo. Aragua
FOTOGRAFÍA: AMANDA REVERÓN/Artista Venezolana
(Puerto Cabello - Edo. Carabobo 1973)



Atados estamos/ nada trastoca la memoria común,
hechos del mismo ruído  y huérfanos de caminos.
Cierta parentela, cierta mueca íntima. Algo suyo a contraluz me habita/no me resisto, y me apresuro a sacudir el fino polvo que nos precede.



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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lunes, 22 de junio de 2015

Del poemario: La Casa Que Soy (2010) - Poema: una ventana


Antología poética/ Ni el crujido queda

De la serie "Detalles" Casa de Amador Durán/ El Consejo - Edo. Aragua.
FOTOGRAFÍA: AMANDA REVERÓN/ Artista Venezolana
(Puerto Cabello. Edo. Carabobo 1973)
@amandareveron

Del carretón ni el crujido queda.
No cuenta de sus viajes. Travesías de luces y polvo.
Anduvo, hace tiempo/ y ahora se postra sonámbulo a los pies de la casa, se queda con el aliento aferrado al vértigo.
Aún no muere.
Recoge las voces de los hombres que ensimismado observa.
Aún no muere.
Ha sobrevivido a la carne,y medita solemnemente su existencia, sus dolores en la fragua. Y asume que  ya no es lo que antes era.



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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viernes, 19 de junio de 2015

Antología poética/ Sonido inédito

De la serie: "Detalles" Casa de Amador Durán/ El Consejo - Edo. Aragua
FOTOGRAFÍA: AMANDA REVERÓN/ Artista Venezolana
(Puerto Cabello - Edo. Carabobo 1973)
@amandareveron

Es inédito /este sonido
repica en lo hondo
es perpetuo y se queda en el horizonte
golpea, golpea/ sobre sí mismo
y algunas veces, a tientas 
(sin quererlo)
se refleja incólume
detrás de mis pupilas



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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Antología poética/ Acecho

De la Serie: "DETALLES" Casa de Amador Durán / El Consejo - Edo. Aragua
FOTOGRAFÍA: AMANDA REVERÓN/Artista Venezolana
(Puerto Cabello -  Edo. Carabobo 1973)
@amandareveron


Se desploman/ tiempo y espacio
hacia el olvido zarpan
al unísono / polvorientos
y el mundo es un paisaje de pies distraídos. 
Me acerco,  desde el silencio con un mutismo que se funde con los espejos. Callo, palpo. Mientras la noche se deja caer, se estremece. Casa yerta,  de olores subterráneos y aliento de sándalo; así te nombro desde el acecho, con los rincones por dentro.




Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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jueves, 18 de junio de 2015

Relatos/ La hoja de mango

"Mango" 100x 81cm Óleo sobre lino
Alejandro Rodríguez Fajardo (1969)
Las Palmas Gran Canaria - España

-Abuela ¿estás por ahí?

-Aquí en el cuarto, mijo - Entonces se oía el chancletear, de quien se dejaba venir por entre el zaguan-.

   Era el negro Bastase, amigo de la casa, quien llevaba  ese peculiar  apodo porque cuando algún vecino le pidia un favor,  él cordialmente respondía : Bastase que usted me lo pida.  El negro Bastase sufría de dolencias en sus piernas, al parecer de joven sufrió un accidente donde se lastimó las piernas y cuando se acercaba el invierno, comenzaba a padecer de dolores y espasmos. Era entonces cuando recurría a las santas manos de la abuela, quien ya centenaria guardaba recetas de bebedizos, rezos, ensalmos y ramazos. La abuela le tenía especial fé a las hojas de mango, las cuales según ella tenían muchas propiedades medicinales; era buena para controlar la diabetes y para tratar  torceduras, inflamaciones  y magulladuras musculares.

La abuela ya tenía preparados sus brebajes; uno para tomar a base a la hoja de mango y una bañera con agua bien caliente, sal mucha sal y un gran puñado de hojas de mango. En un viejo catre recostaba al paciente, luego le ponía compresas en las coyunturas o donde se manifestara  el malestar, una vez culminado el procedimiento arropaba al individuo en una vieja manta y allí debería quedarse a dormir porque no le podía agarrar el sereno. Susurraba (pa dentro), un padre nuestro y tres aves maría (con el rosario en manos) y mañana a trabajar, decía. Esas eran las sabias palabras de aquella vieja que sentía devoción e infinita fe por las hojas de la mata de mango. 


Amanda Reverón
Relatos -2015
@amandareveron
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Antología poética/ La memoria, la costumbre y el armario

ALEJANDRO RODRÍGUEZ FAJARDO (1969)
Las Palmas, Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


Como de costumbre, escondo mis recuerdos en los suburbios de la memoria/ y los rescato con el simple  bullicio de un trazo. Prolongo la agonía, arrinconando aceras de  largas callejuelas de antaño. 
A veces solo guardo pájaros, barcos o viejos escapularios. También cerrojos y puertas (por sí algún percance imaginario).
Desalojo  con cautela algunas horas, minutos  que suelen ser incómodos e innecesarios; y así voy, tejiendo o destejiendo menudencias , grietas y uno que otros miedos encerrados en el armario.


Amanda Reverón
Antología Poética -2015
@amandareveron
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martes, 16 de junio de 2015

Antología poética/La ciudad, es una vigilia

FOTOGRAFÍA: ARTURO MORENO (Caracas - Venezuela)
http:// www.luzcontinua.com


La ciudad, es una vigilia 
una ceremonia que me precede
muere de pie
(sus cimientos no ceden )
ha hipotecado el silencio
y en cada gesto
anochece
 la lluvia es pura letanía
(sobre sí misma)
fábula cotidiana y rutinaria
con memoria de alfabeto
 tejido  
y  fisura
de lo lúdico / de lo inefable



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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sábado, 13 de junio de 2015

Antología poética/ Cuestión de ser...

FOTOGRAFÍA: LUIS DUARTE/Artista Venezolano - Caracas 1966
Fotógrafo y Licenciado en Letras (UCV)
@luisduartefotos / luisduartefotos.blogspot.com 

No es cuestión de ser
bisagra o cerrojo
de corroerse o diluirse
consumirse entre llamas
o un puñado de huesos bajo tierra
(con o sin
extremaunción)
la eternidad existe
-me dije-
y consiste en la memoria
-si acaso- pensé


Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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viernes, 12 de junio de 2015

Antología poética/ Esta voz que me convoca

"Evónimo" 61x38 Óleo sobre lino
ALEJANDRO RODRÍGUEZ FAJARDO (1969)
Las Palmas, Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


Esta es la voz que me convoca
la que muerde mi sombra
se estremece en la copa de los árboles
y cabe en un puñado de tierra
no es mansedumbre (esta voz)
se desprende del cauce de los ríos
se ancla en el silencio de las libélulas
y usurpa la maleza de alucinantes bosques
esta voz convoca vientos
desanda sobre hojas mustias
se alza temeraria
no espera
no calla
és toda luces
(crepúsculo de abril al borde de un abismo)
no se salva
no se arquea
es la voz de la alborada
altisonante en mis entrañas
esta voz que me convoca...


Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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Antología poética/ Aún, ocurres

ALEJANDRO RODRÍGUEZ FAJARDO (1969)
Las Palmas, Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez

Ocurres
a un extremo
(donde nadie queda
  nadie se acerca)
y sostengo el umbral 
para que alcances mi mano
cruza el aire
cruza la puerta
(que aún espero
porque no te has ido)
aun sucedes
desde otra luz
donde el tiempo no es implacable
y las mariposas contemplan
con ansias 
la inmensidad de un instante



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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Antología poética/ Poema con la luz a cuestas

"Ventana" 46 x 38cm Óleo sobre lino
ALEJANDRO RODRÍGUEZ FAJARDO (1969)
Las Palmas, Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


 y cae 
con la luz a cuestas
intacto se hace horizonte
apenas entre las rendijas se cuela
sin asedio
solo por instinto
se reconoce / se sabe poema
y se queda donde no alcanzo
donde mis manos son huérfanas
sin puentes / donde nadie oye
condenandome
a ser  llovizna
tras la ventana
así cae / todas las tardes
intacto
sin asedio
solo por instinto


Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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jueves, 11 de junio de 2015

Antología poética/ Imagen

"Claveles Chinos" 100x81cm Óleo sobre lino
ALEJANDRO RODRÍGUEZ FAJARDO (1969)
Las Palmas, Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


¿Qué imagen subvierte la tristeza?
que no sea áspera
y apenas con un guiño
descienda sobre el pecho
o sobre la mano
o sobre el árbol
o sobre la palabra misma
perceptible 
rebosante de luz
policromática
con su voz callada
diluida en el iris
desbocada  
ataviada en un lienzo
o desnuda
¿Qué imagen subvierte la tristeza?



Amanda Reverón
Antología poética -2015
@amandareveron
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domingo, 7 de junio de 2015

Relatos/ Los extintos limoneros

"El limón" 100x 81 cm Óleo sobre lino
Alejandro Rodríguez Fajardo (1969)
Las Palmas, Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


   Cuando la modernidad llega a los pueblos, lo primero que hacen es  acabar con los patios de tierra. Poco a poco van exterminando los pequeños huertos. A Morón del Conuco se le conocía por sus limoneros, casa que se respetara tenía por lo menos dos y tres matas de limón; frondosas y cargadas de macetas.  En la plaza mayor se hacían ferias y se vendían variados productos elaborados a base de aquella ácida fruta. Pero con el pasar de  los años, se hacía más frecuente ver a los vecinos ir de casa en casa pidiendo un limón prestado; ya que ni en las fruterías, ni en la plaza se conseguían ni para hacer remedio. Era tal la magnitud de la extinción que comenzaron a importarlos de otros pueblos y ciudades. Se dejaron de hacer aquellas ferias tan famosas que atraían el turismo y que hacían del pueblo un lugar próspero y pujante.

   A los habitantes de Morón del Conuco, solo les quedó el consuelo de visitar el viejo museo del limonero, una gran casa colonial que resguardaba el último limonero del pueblo. Se encontraba  en el medio de la gran plazoleta,  frondoso y orgulloso era el único sobreviviente que quedaba para el disfrute de visitantes y nuevas generaciones.
 Así que cuando algún forastero preguntaba por los famosos limones, con voz pesarosa y nostálgica se escuchaba decir: Museo del limonero, calle Bolívar con Miranda (Al lado de la bótica).



Amanda Reverón
Relatos -2015
@amandareveron
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Relatos/ El olor de las Guayabas

"Guayabero" 61 x 38 cm Óleo sobre lino
 Alejandro Rodríguez Fajardo (1969)
Las Palmas Gran Canaria - España
https://www.facebook.com/jandro.rodriguez


   Cerraba los ojos tan solo para evocar instantes. Habían olores que se expandían en su memoria, olores lejanos, olores llenos de colores y texturas. Recordó aquella noche anterior al viaje, todos en casa preparaban las maletas, toda la familia se trasladaría al oriente del país. Ya tenían varios meses sin ver a su padre, quien trabajaba en una empresa petrolera que estaba a cargo de la construcción de la " Planta Jose", un gran complejo petroquímico.

   Era el primer viaje largo y quizá el único que haría  junto a sus hermanos y su madre. Un taxi los llevó hasta la parada, allí abordaron un viejo autobús. Era de los más grandes que existían en el pueblo.

   Pasaron toda la noche en carretera. Apenas el autobús hizo dos paradas, el resto del viaje todos dormían excepto ella, que por suerte iba del lado de la ventanilla y podía ver las luces de los pueblos por donde pasaban, era toda una aventura para su corta edad.

   Una vez que llegaron al terminal de oriente, los esperaba un vehículo oficial de la compañía petrolera. El viaje continuaría por unas horas más.

   Iba semi dormida, la curiosidad y la expectativa hacían de las suyas.  De pronto escuchó la voz ronca y escandalosa de su padre, acompañada por un olor que aunque familiar era peculiarmente intenso, no se podía ver nada la oscuridad era absoluta. Se dejaban escuchar minúsculos sonidos de jejenes y chicharras.

   Se encontraban en la entrada de una casa y su padre abría el portón para que pudiera entrar el carro. Había otra persona  junto a su padre, era una anciana que llevaba una pañoleta en la cabeza. Su padre los abrazo, tomó en sus brazos a su hermanita pequeña, mientras la anciana agarraba de la manos a su hermano mayor y a ella. Pasaron por un porche y luego por un largo e interminable pasillo donde se encontraban las habitaciones, sin siquiera prender las luces los acostaron en unas camas literas, a ella que siempre  fue temerosa de las alturas la acostaron en la parte de arriba. Hacía un poco de calor y  el cuarto era húmedo. Le costaba dormir en aquel lugar extraño, sentía que pequeños animalitos le picaban, y un intenso olor a guayabas le invadía el alma y la curiosidad. Dejó de pelear con el sueño y se quedó profundamente dormida.

   Cuando despertó llovía a cantaros. Aunque  percibía una variada mezcla de olores, se dejó guiar por el aroma  a café. Aquella era una casona vieja, con muebles de madera rústica, pisos de losa roja, pasillos y vericuetos. La cocina quedaba en la parte trasera de la casa, era  grande con un mesón rectangular de madera donde podían sentarse  unas veinte personas.

   Asomada por uno de los grandes  ventanales que daban al patio estaba su madre. 

- Son apenas las  6 de la mañana, qué haces despierta, sigue durmiendo junto a tus hermanos, -
le dijo.

- No pude dormir bien, he tenido pesadillas, soñé que estaba en la copa de una mata de guayaba, que era altísima, resbalé y caí en el piso, pero no me lastimé porque me frenó un colchón de guayabas podridas, las guayabas eran rojas y habían toneladas escachapadas en el suelo. -
   Su mamá se echó una carcajada y le dijo - ven aquí y asomate,- la llevó a la puerta que daba de la cocina al patio. Hasta donde alcanzaba su vista había matas de guayaba, pensó que deberian de haber más de  cien y era plena temporada, en su mayoría estaban muy maduras, eran rojas y enormes. 

   Aquella casa no tenía un patio corriente, eran por lo menos dos hectáreas de terreno, donde a parte de las guayabas, habían árboles de uva playera, mandarinas, cocoteros, mamón y ciruela de huesito. No imaginaba un mejor lugar en el mundo para jugar, echar a andar su imaginación y sobre todo para guardarlo e algún rinconcito de su memoria.

   Desde entonces, sólo le bastaba percibir el dulce olor de las guayabas, para estremecerse y rememorar aquel breve episodio de su infancia.


Amanda Reverón
Relatos -2015
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sábado, 6 de junio de 2015

Relatos / "La aspiradora"

FOTOGRAFÍA: RÓMULO OLLARVES/ Artista Venezolano - Caracas 1947
Residenciado actualmente en la ciudad de La Victoria Edo. Aragua


Calle abajo corría el agua. Era tan fuerte la corriente que consigo llevaba restos de basura, hojas secas y peculiares objetos. En medio de este caos apareció "La Aspiradora", una mujer joven de cabello rubio y desdentada. Nadie conocía a sus familiares, sólo que vivía al final de la calle Sanchón y aprovechaba cada circunstancia para recoger lo que otros desechaban, o que por descuido dejaban a su alcance. Aquel día ella inspeccionó minuciosamente las esquinas y los terraplenes que se armaban a sus alrededores, tras varios minutos de remover desechos insalvables, por fin un tenue brillo llamó su atención. El brillo era tan sutil que si no hubiera estado tan concentrada tal vez lo hubiera pasado por alto.
  Seguía lloviendo.
  Lentamente caminó, sus piernas sumergidas hasta los tobillos en esa agua fangosa, pero no le dio importancia ya que sus ojos seguían mesmerizados por aquel suave resplandor que cada vez estaba más cerca. Cuando finalmente se encontraba a tan sólo a centímetros de distancia, pudo observar al objeto culpable de aquella luz tan hipnotizante: un relicario de plata; su brazo se extendió automáticamente para alcanzarlo pero fue en ese momento en el que se dio cuenta de que aquella joya se encontraba guindando dentro de una alcantarilla, de aquellas que parecen no tener fin alguno y donde podías escuchar la corriente de las poderosas aguas rugir por debajo.
  Mirando de un lado a otro buscó un lugar de donde poder sujetarse para poder alcanzar a su tesoro, pero no encontró nada. El relicario estaba guindando de una tubería, no lo suficientemente arriba como para poder tomarlo fácilmente. Escaneando nuevamente la húmeda superficie, sus ojos finalmente cayeron sobre una soga atada a un hidrante, como si alguien previamente la hubiera usado para sujetar a un perro frenético; el pedazo de cuerda estaba roído en ciertos lugares pero ella pareció no notarlo o simplemente no le importó.
  Sujetándose con su mano izquierda, estiró su mano derecha para alcanzar el medallón. Todavía estaba muy lejos. Se inclinó un poco más, la mitad de su cuerpo estaba ya dentro de la cloaca. Todavía no lo alcanzaba. Intentó estirarse aún más pero la cuerda ya no le daba. Insistente, tiró un poco más de la cuerda, los dedos de su mano extendida se movían frenéticos. Todavía no la alcanzaba. Forzó un poco más la cuerda hasta que sus huesudos dedos tuvieron entre ellos al tan preciado medallón; pero tanto fue su furor que no se dio cuenta de que la soga había cedido completamente, dividiéndose en dos. Su cuerpo comenzó a caer, pero su mente sólo procesaba la euforia de tener el tan deseado objeto entre sus manos.
  Ella caía y caía.
  Horas más tarde la tormenta había cesado. Las personas comenzaron a salir de sus hogares, temerosos  de que aquella tempestuosa lluvia sólo hubiera parado para atraerlos afuera antes de comenzar de nuevo. Pero el aire estaba más limpio, pequeños charcos de agua quedaban en la calle. El clima estaba más cálido. El día estaba más brillante.
  Y nadie volvió a ver a "La Aspiradora". Nadie se percató de su trágica muerte.


Amanda Reverón
Relatos -2015
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Antología poética/ No todos los días son para escribir poesía...

FOTOGRAFÍA: AMANDA REVERÓN/ Artista Venezolana
Puerto Cabello - Edo. Carabobo 1973
@amandareveron
A: Romulo Ollarves

   No todos los días son para escribir poesía.
  A veces el corazón está quieto y sólo le apetece asomarse por la ventana y llenarse de luz o de lluvia (según sea el caso).     

Otros días, amanece acicalándose o haciendo inventario como quien se va o regresa de un viaje muy largo. Otros tantos se amanece lúcido, con la memoria intacta se sienta y palpa sus orillas con la   ternura de la infancia. 

   No todos los días son para escribir poesía. A veces se naufraga en un simple vaso de agua o se hace de la cocina una trinchera o una guarida para salvarse de las imágenes y metáforas.

   No todos los días uno se levanta valiente y enfrenta sus contradicciones. No todos los días uno se deprime y se aferra a un lápiz y una página en blanco.

   No todos los días son para escribir poesía....
a veces, es necesaria una pausa.



Amanda Reverón
Antología poética -2015
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jueves, 4 de junio de 2015

Relatos/ Ensoñación...

     
Muy lentamente mis ojos recorrieron cada una de las esquinas de aquella impecable cocina, observando atentamente cada uno de sus delicados detalles; era una de esas cocinas que parecían no haber sido estrenadas nunca, del tipo que sólo ves en portadas de revistas. Era una estancia espaciosa y en el medio de ésta se encontraba un mesón con tope de mármol a juego con el resto de las encimeras; la cocina contaba con innumerables electrodomésticos de acero inoxidable. Aquella cocina gritaba por ser estrenada.


    Me pude ver horneando pan en aquella idílica cocina. La harina estaría espolvoreada por todos lados a mi alrededor y habría restos de masa pegados a la encimera del mesón central, habría pedazos de jamón y queso regados a mí alrededor y el dulce olor del pan en el horno comenzaría a llenar la habitación gradualmente. Visualicé qué clase de imanes pondría en el refrigerador, incluso compraría ese juego de salero y pimentero tan adorable que había visto la última vez en aquél catálogo; por mi mente pasaban cada uno de los detalles personales que daría a aquella cocina para darle un toque hogareño.

  -Disculpe, -dijo una suave voz, sacándome repentinamente de mi ensoñación- la doctora dice que ya puede recibirla.

  -Muchas gracias -contesté al tiempo que le dirigía una amigable sonrisa a la recepcionista-.

    Mirando una última vez la foto que había estado observando tan absorta solté un último suspiro antes de hacer la revista a un lado y finalmente entrar al consultorio.


Amanda Reverón
Relatos - 2015
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martes, 2 de junio de 2015

CORTESÍA DE LETRADOS DEL MUNDO/ RETABLO ARAGUEÑO (Por el escritor Manuel Cabesa)



Letrados del Mundo
Retablo Aragueño
Por Manuel Cabesa

Amanda Reverón
1)
En De otros diluvios se siente el aire de una búsqueda de la expresión exacta, se siente una decantación del lenguaje. De nuevo el amor y sus complicaciones ocupan las imágenes principales de cada texto; y sin embargo, es un renacimiento del amor y sus metáforas:

Amar esta certeza de tu proximidad
esa que de pausa en pausa
me despoja sin tregua
de las excusas que he ido coleccionando.

En estos poemas llegan con la brillantez del sol matutino después de una noche de lluvia después de una noche de lluvia, se abren camino por un bosque de sensaciones y sentimientos, hacen que el lector viva en carne propia lo inefable de los deseos:

Que la tempestad de este vientre
te convoque no es novedad
en este espacio nocturno
(torrencial de tus manos
y de tu húmeda lengua)
complacencia lúdica
de este cuerpo
que perennemente está ávido
de esa parte blanda de tu ser
que al tacto es acero templado
corroyéndose entre mis piernas

Sé que entre “despedidas”, “naufragios”, “nostalgias” y “conjuros” estos poemas dejarán abierto para el regocijo de la palabra, para la felicidad del lector.

2)

“El barco es el mundo hacia la eternidad”, esta frase inquietante de Katherine Anne Porter resume la posibilidad de entrar en el reciente poemario de Amanda Reverón, Rumor de barcos. Hay aquí la madurez de una poeta que ha buscado su propio lenguaje y quizás lo encontró en la nostalgia de un mundo no vivido. Desde la orilla la voz que nos habla rememora una historia de naufragios que más que en el mar suceden en nuestra estática realidad, en la nostalgia de lo desconocido:

Sentada en la orilla
en plena tempestad
donde el río y el mar se unen
escombros de un viejo barco
-extraña sensación
de no volver sobre mis pasos-

R. H. Moreno Duran escribe: “¿Cómo sustraerse a la inmensa fascinación que produce contemplar el rojo velamen de una fragata que navega con el misterio a bordo? Porque de todos estos barcos que deambulan sin destino lo que en realidad cautiva es el horror, un horror de rango metafísico superior en todo al mero espanto sensorial, apoyado en el miedo o en el asombro. (…) El barco que deambula sin rumbo ni sentido es la metáfora de esa otra parte que navega en pos de la noche del alma, en pos de una identidad y un rostro, en pos de lo que es y no comprende, en pos de su fantasma.”
Pero desde lejos sentimos la presencia del mar la lejanía de barco que se retira portando su propio misterio, y como los náufragos de Verne sólo el horizonte es nuestro punto de referencia:

Mi casa en la playa
no tiene paredes
y aun así
cuelgo de ellas
fotos de viejas embarcaciones
máscaras de antiguas tribus
retablos de una virgen negra
amuletos, atrapasueños
y un rosario
hecho de conchas de caracoles
mi casa en el mar
no tiene ventanas
y aun así
me asomo por ellas

Valery hablaba del mar “siempre recomenzando”, Mutis nos cuenta las hazañas de Maqrol navegante de mares inhóspitos, Amanda nos recrea la nostalgia de aquel en el puerto se queda añorando algún amor en la lejanía siempre infinita. Siempre imposible:

En la ventana
de esta vieja embarcación
sólo cuelga
mi ropa
tu sonrisa
hace
mucho tiempo
que se marchó / de tanta lluvia

A nuestra playa llega un rumor de barcos que en sí tienen historias que compartir, como los barcos de Melville o Conrad, pero de esas vidas solo nos llega un leve murmullo cercano a la poesía, que finalmente se apaga en la orilla:

Barcos vienen / barcos van
pero no todos
hacen el mismo ruido
y no todos se quedan
encallados en la memoria

3)

En su monumental estudio La poética del espacio, Gastón Bachelard nos dice: “La casa es un cuerpo de imágenes que dan al hombre o ilusiones de estabilidad. Reimaginamos sin cesar nuestra realidad: distinguir todas esas imágenes sería decir el alma de la casa; sería desarrollar una verdadera psicología de la casa.”

Quizás sea la casa el tema más privilegiado de la poesía venezolana. Su figura se hace sentir en voces tan diversas que sin temor podríamos hablar de toda una tradición sobre la cual haría falta un estudio amplio y minucioso para llegar a calibrar la magnitud de su presencia dentro de nuestras letras.

Siguiendo esta tradición que intenta reinventar la magia del lugar primigenio, Amanda Reverón nos entrega La casa que soy:

esta casa
es casi perfecta
se parece a mí
a mis afectos
solo le falta
un patio donde se pueda convivir con las hormigas…

Esta casa adonde Amanda Reverón nos invita está conformada por distintas estancias poéticas. En ella la autora se reencuentra consigo misma en un viaje de autoconocimiento y aceptación, vive intensamente sus momentos de soledad, alberga la posibilidad del amor y del desencuentro, hospeda los recuerdos de la infancia y es también el rincón donde su hija juega:

mi casa
es la casa
donde crece Daniela
ha guardado un espacio para su árbol
sus libros
amigos imaginarios…

Comarca del recuerdo, espacio de la querencia, mundo perdido y por siempre anhelado, lugar que convoca nacimientos y muertes; la casa es nombrada infinitamente en estas páginas desde el amor y la nostalgia:

una ventana
es siempre un milagro
decir ventana
es decir poesía
mirar hacia la luz
hacia la noche…

La casa que es Amanda Reverón está hecha de palabras / de acentos / de sílabas / monólogos / sus habitaciones / recitan / declaman la vida. Es una estructura hecha de voces hundidas en su simiente, levantándose pared a pared edificando una poética de la intimidad. Alojando al lector en la generosidad de esta morada construida con la alfarería de la dicción más sencilla y por ello mismo más humana:

esta casa cuenta historias
carece de olvidos
retiene olores
sabores e incongruencias
la textura de sus bordes
son metafóricas
sus orillas son sensibles a la poesía.