jueves, 27 de junio de 2013

Este “peo del amor”



Este “peo” de las religiones
no me basta para comprenderte
y asimilar desde “otra
perspectiva”
tu forma despectiva
de entender el amor.

Acaso no siempre fue natural
la gente se asume desde el instinto carnal
desde la necesidad del otro…
desde su forma primordial
acercarse, tocarse, llamarse, pensarse
jamás fue tan básico o ¿es
quizás todo un rollo existencial?

Apenas
me doy cuenta
que si esto no fuese cierto
la poesía pudiese peligrar
entonces de qué hablarían
estos colegas
que invocan en sus noches
el sexo y su humedad
el olor a piel
unas manos sin tocar
esa lengua que fue suya
y que ya no lo será.

De qué hablaría Neruda
sino de aquellos “grandes ojos fijos”.
“De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.”
Esa noche estrellada quizás ya no lo está.
No hablemos de Mario y su te quiero: “Si te
quiero es porque sos mi amor,  mi cómplice y
todo y en la calle codo a codo somos mucho
mas que dos”.
  
Hace tiempo que ya no somos dos
que el sexo es apenas un encuentro
careciente o padeciente, decadente
esa urgencia sin milagros
sin cielos estrellados
no digamos mucho menos que somos dos…
sí, somos apenas dos cuerpos
indagando una pasión
inventándose pretextos
sin que haya comunión.

No me salvo ni te salves
es preciso “este peo del amor”
no conmigo, no contigo
debe haber una razón
ese ser que se calcine
solo de escuchar tu voz.

No reclamo un beso tuyo
no me atrevo a tanto, no
solo me doy cuenta que hoy
puede haber una persona
que reclame mi sudor
que se embelece en mi boca
sin ninguna condición
que me llame por las noches
con ternura y desesperación.

Es preciso si “este peo del amor”
que me encuentre en otros ojos
descubriendo a un ser mejor
que se invente mil metáforas,
un soneto, quizás una canción.

La existencia se me agota
y me niego a tanta desolación,
a esta frialdad del alma
y es que al sexo ya no le llamas
hacer el amor.
  
Que la cosa es pura química
con técnicas de canalización,
que imprudencia del hombre
que no se permite un temblor,
un jadeo desde sus entrañas,
una caricia de esas que intimidan hasta al
Sol.
Ni me hables de “gerenciar tu polvo”,
no poeta, cuando se sienten ganas
no hay contabilidad o economía
que administren esa especie de polución
ante unos senos en flor,
ante ese aroma a duraznos
que desprende una vagina
cuando ya entra en calor.

Para qué tanto pretexto
con “este peo del amor”
si aun nos queda la opción
de una película porno
y practicarnos la masturbación
solo que sin ese beso
que trasciende más allá

de la razón.

Amanda Reverón
Del poemario "De otros diluvios"
2007

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